CELEBRATION 2026

Jan 4, 2026    Eber Flores

La vida cristiana no es estática ni cómoda; es una carrera que se corre con intención. Hebreos 12:1–2 nos recuerda que, al estar rodeados por una gran nube de testigos, somos llamados a despojarnos de todo peso y del pecado que nos estorba, y a correr con perseverancia la carrera que Dios ha puesto delante de nosotros, con los ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe.


Esa carrera no se corre en soledad. Un discípulo se congrega fielmente porque entiende que seguir a Jesús nunca fue un camino individual. Al caminar juntos, crecemos relacionalmente, siendo formados, animados y desafiados unos por otros, aprendiendo a vivir una fe genuina en comunidad.


Mientras avanzamos en esta carrera, Dios también transforma nuestro corazón. Un discípulo da generosamente, rindiendo sus talentos, su tiempo y sus tesoros al Reino de Dios, entendiendo que su vida ya no le pertenece a sí mismo, sino a Cristo. La generosidad se convierte en una expresión visible de una fe rendida y confiada.


Y esta carrera tiene urgencia. Un discípulo va con urgencia porque sabe que el mensaje del evangelio no puede esperar. Con los ojos puestos en Jesús, avanzamos con propósito, compartiendo la esperanza que hemos recibido y participando activamente en la misión que Él dejó a Su iglesia.


Este mensaje nos llama a evaluar nuestra vida y a preguntarnos si estamos corriendo con perseverancia, con Jesús en el centro, y si estamos dispuestos a dar el siguiente paso de fe para vivir como discípulos que se congregan, crecen, dan y van, todo para la gloria de Dios.


Recuerda que seguir a Jesús no es una fe de fin de semana, es una carrera que se corre todos los días con los ojos puestos en Él.