La Compasión Bajo al Mundo
La Navidad no comenzó con luces ni celebraciones, sino con compasión en movimiento.
Filipenses 2:7 nos recuerda que Jesús “se despojó a Sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres” (NBLA). La compasión no se quedó en el cielo: descendió, caminó entre nosotros y se acercó a nuestra necesidad.
En este mensaje especial de Navidad descubrimos que la verdadera compasión no es solo sentir, sino actuar; no es solo ver la necesidad, sino moverse hacia ella. Dios dejó Sus privilegios, cubrió Su gloria y se hizo cercano. Y ese mismo llamado hoy sigue vigente para nosotros.
A través de Lucas 1–2 vemos que Dios eligió a pastores, personas comunes y marginadas, para anunciar la noticia más grande de la historia. La compasión de Dios incluye a los que otros dejan fuera, restaura dignidad y transforma a los olvidados en mensajeros de esperanza.
Este mensaje nos reta a vivir una fe que se mueve, que incluye, que se acerca al dolor y que entiende que la compasión nunca termina en nosotros, sino que siempre fluye a través de nosotros hacia otros.
Puntos principales del mensaje:
1. La compasión se mueve hacia nuestra necesidad, no se queda distante.
2. La compasión deja privilegios para acercarse al dolor.
3. La compasión incluye a los que están afuera y los convierte en portadores de la buena noticia.
Recuerda que «Si la compasión se hubiera quedado en el cielo, la Navidad nunca habría sucedido.»
