Dios puede bendecir hasta nuestro desastre

Nov 2, 2025    Eber Flores

A veces Dios habla justo cuando menos lo esperamos. En Génesis 28:10–15 (NBLA), vemos a Jacob en el momento más bajo de su vida —solo, cansado y con la cabeza sobre una piedra— y aun así, Dios se le aparece. En medio de la nada, Jacob descubre algo que todos necesitamos recordar: la gracia de Dios no se gana, se recibe.


Este mensaje nos invita a detenernos y escuchar cuando Dios habla, incluso cuando el ruido de la vida o el peso de nuestras decisiones parecen silenciar Su voz. Porque así como con Jacob, Dios no espera a que tengamos todo en orden para revelarse; Él llega a nuestro desierto y nos recuerda: “Yo estoy contigo. Te guardaré por dondequiera que vayas y no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he prometido” (Génesis 28:15, NBLA).


También aprendemos a regocijarnos porque la gracia es para pecadores. Jacob no hizo nada para merecer la bendición de Dios, pero aun así la recibió. Y esa es la belleza del evangelio: no se trata de nuestro desempeño, sino de Su fidelidad. La gracia no es una recompensa por lo que hiciste; es un regalo porque Dios no se rinde contigo.