Marcas de una Vida que Teme al Señor
En Génesis 42 descubrimos que el temor del Señor no es solo un concepto espiritual, sino también una forma de vivir que deja huellas visibles. José, después de años de injusticia, dolor y espera, llega a un punto clave en el que su vida confirma lo que su boca declara: «Hagan esto y vivirán, pues yo temo a Dios» (Génesis 42:18). El temor del Señor produce una vida llena, firme y centrada en Dios, aun cuando las circunstancias no tienen sentido.
Este pasaje nos muestra que una vida que teme al Señor se evidencia, primero, en una obediencia constante. José no obedeció solo cuando todo le salió bien; obedeció cuando no tenía control, cuando fue olvidado y cuando nadie estaba mirando. Su gozo no dependía de las circunstancias, sino de confiar en que Dios estaba obrando en todo.
También vemos que el temor del Señor nos lleva a perseguir la reconciliación más que la venganza. José tenía todo el poder para ajustar cuentas con sus hermanos, pero eligió reflejar el corazón de Dios. La venganza nace del orgullo; la reconciliación nace de confiar en la justicia de Dios. Como embajadores de Cristo, estamos llamados a responder a otros de la misma manera que Dios respondió a nosotros.
Finalmente, Génesis 42 nos confronta con una verdad central del evangelio: la gracia no se gana, se recibe. José da a sus hermanos grano, provisiones y libertad, aun cuando ellos no lo merecen. Así actúa Dios con nosotros. La gracia puede ser difícil de dar y difícil de recibir, pero es la única manera en que Dios transforma corazones culpables en hijos reconciliados.
Este mensaje nos recuerda que el temor del Señor forma nuestra obediencia, sana nuestras relaciones y nos enseña a descansar en una gracia que no depende de nuestros méritos, sino del amor de Dios revelado en Cristo.
Así que recuerda que cuando temes al Señor, obedeces sin controlar, perdonas sin vengarte y recibes una gracia que nunca podrías ganar.
